Llevo varios minutos mirando la pantalla del ordenador sin saber cómo empezar este post.

Hace poco más de una semana perdí, sin mucho aviso, a la que ha sido mi más íntima compañera durante los últimos 10 años, Aisha.

Nunca hemos llegado a saber quién adoptó a quién. Recuerdo que llegamos a la protectora y estaban dando de comer a todos, así que ninguno nos hizo mucho caso, tú sin embargo, viniste hacia nosotros y mirándonos a los ojos con una cara de pena inmensa, lloraste algo que a nosotros nos sonó como “por favor, adoptarme a mi”. Ahí comenzó un viaje de amor, compasión y empatía como no habíamos vivido antes.

Fuiste la perfecta compañera. Solíamos bromear que parecías nuestra hija biológica, siempre tan callada, disfrutando de la compañía, la naturaleza y el silencio. Ahora que no estás sin embargo, el silencio que ha quedado hace daño, las horas sin poder mimarte y acariciarte se hacen eternas y no sé hacia dónde mirar para no echarte de menos y romper a llorar. Me despierto pensando en lugares nuevos para pasear contigo. Siempre tan feliz corriendo por el campo y la montaña.

Pero no has sido una inspiración sólo para nuestra familia. Siempre quisiste a todo el que se acercaba a ti. Nos dejabas saber a todos que se podía contar contigo. Y llegaste a la cima cuando el año pasado, trabajando con un grupo de jóvenes en la prisión de Almería, cambiaste la vida de uno de ellos acercándote a él para consolarle en un momento crítico para él. ¡Impactó tanto que saliste en los periódicos!

Te amo Aisha, siempre estarás en mi corazón. Has sido nuestra hija, nuestra compañera, y nuestra inspiración. Gracias por todos estos años de compañía. Hoy soy mejor persona gracias a ti.”

No quiero despedir este post sin dar las gracias a todas aquellas personas que tras su muerte nos siguen ofreciendo su apoyo. Todos esos amigos que a lo largo de este tiempo fueron testigos de nuestra relación y recibieron su amor. Esos que también sienten su pérdida de alguna manera.

Vivimos en una sociedad donde todavía no se entiende del todo que la muerte de un animal pueda causar el mismo dolor que la muerte de cualquier otro ser querido. Claro, hay diferencias, uno no debería ser testigo de la muerte de un hijo, por ejemplo. Cuando adoptas a un animal sabes que tarde o temprano vas a perderle. El vacío que deja esa pérdida sin embargo, es terriblemente doloroso. De repente tu vida se quiebra porque una parte importante de ella ya no está ahí, y el proceso de duelo te atraviesa sin compasión.

Aisha tenía 11 años. No era joven, pero pensábamos que todavía nos quedaban 2 o 3 años más con ella. El martes por la mañana nos dijeron que tenía un tumor maligno en la garganta y el miércoles por la noche se nos fue. Vió a la muerte de frente y acudió a nosotros para que la acompañásemos hasta el final. Pudimos ver el miedo en sus ojos. Sí, sintió miedo. Y durante toda su vida nos mostró que sentía igual que cualquier ser humano. Es más, nos enseñó formas de afrontar la vida y vivirla al máximo con lo que teníamos en el momento. Y es que los animales, lejos de ser “seres irracionales”, son un modelo a seguir. Un maestro al que preguntar qué hacer cuando estamos perdidos.

En memoria de Aisha, la perra terapeuta.

Carta a Aisha, mucho más que sólo un perro
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Un pensamiento en “Carta a Aisha, mucho más que sólo un perro

  • Agosto 24, 2017 a las 11:27 am
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    Susana siempre me haces llorar con tus cartas o comentarios……..pero llorar para mejorar siempre es terapia.
    Yo también conocí a Aisha…..un beso allí donde estés.

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