Hace no mucho leí un artículo donde se explicaba un experimento de laboratorio que hizo un profesor con sus alumnos.

La premisa era que nuestro entorno, y todo lo que está dentro del mismo, vivo o inerte, se compone de energía. Y que las palabras que utilizamos para hablarnos a nosotros mismos y comunicar con otros, afectan al campo energético de todo lo que está a nuestro alrededor, principalmente hacia quien van dirigidas esas palabras. Así que el profesor, puso la misma cantidad de arroz cocido en dos contenedores diferentes, a uno le puso un cartel que decía “te quiero” y a otro uno que decía “te odio”, y los colocó en el frigorífico. Así mismo, les dijo a los alumnos que cada vez que abrieran la nevera dijeran palabras bonitas al recipiente con el cartel de “te quiero” y feas o hirientes al otro. Y después de unos días verían qué efecto tenían unas palabras y otras en el arroz.

El caso es que el otro día, mientras cocinaba una ensalada, me sobró un poco de arroz cocido y decidí realizar mi propio experimento. Veamos qué ha pasado:

Cómo ves, el arroz que ha recibido odio está bastante más seco, e incluso tiene un poco de moho. En mi opinión, esto prueba que las palabras no se las lleva el viento, sino que se quedan estancadas en nuestro campo energético y poco a poco nos van comiendo por dentro. Y sabiendo esto es difícil no replantearse cómo hablamos a nuestros familiares, empleados, amigos y a nosotros mismos.

Intento imaginar el efecto que el moho tiene en los seres vivos, especialmente en los humanos. Algunos nos golpearía directamente en nuestra autoestima y nos convertiríamos en personas tristes y aisladas, puesto que nos sería dificil interactuar con otros. Otras sin embargo, nos convertiríamos en personas secas, duras, y amargadas. Cuesta mirarles bajo el mismo prisma ahora, ¿verdad? Y eso que sólo estamos considerando los daños a nivel emocional. Sin embargo, sabemos que las emociones juegan una parte muy importante en nuestra salud…

Es por eso que es tan importante intentar no juzgar, y sobretodo, no reaccionar ante sus ofensas. Sólo están expresando su propio dolor hacia lo que han venido recibiendo de su entorno. Eso no quiere decir que nos tengan que gustar, o querer pasar tiempo con ellas, pero lo que sí podemos hacer, es ofrecer unas palabras de ánimo y seguir nuestro camino. Ten por seguro que dejarás una semilla en su corazón.

Y ahora dime, ¿alguna vez te has parado a pensar cómo te hablas a tí mismo?

No permitas que te salga moho, ¡mímate y háblate con cariño!

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El Poder de las Palabras
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1 pensamientos en “El Poder de las Palabras

  • agosto 29, 2017 a las 6:59 pm
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    Es increible el experimento….a partir de ahora me fijaré mas en lo que digo y a quien se lo digo.
    Felicidades por que todo lo que publicas en el blog es muy interesante.

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