La primera vez que acudí a Susana para la terapia con caballos estaba tan nerviosa que creía que me iba a ocurrir algo con los animales, puesto que me habían dicho que ellos reflejan tus sentimientos y tu humor. Pero todo fue muy distinto. Primero pude elegir el caballo con el que hacer la sesión, y de hecho elegí una yegua que al parecer estaba triste, o eso era lo que veía yo, y creí que podía ayudarle a estar mejor. Eso es lo que pasa cuando entras en el mundo de los caballos con esta mentalidad, miras a sus ojos, te fijas en sus posturas, como si tú misma estuvieras analizándolos en busca de algo. Así empieza la relación entre dos animales extraordinarios, el caballo y el ser humano. Y de eso se trata durante la sesión, de una continua relación entre dos criaturas donde una de las dos tiene que llevar a cabo unas tareas en las cuales participa la otra, como elemento pasivo unas veces y como protagonista otras.

Cuando empieza el trabajo verdadero, se te proponen ejercicios en los cuales tienes que alcanzar pequeños logros en tu nueva relación con el caballo. Tú mandas ¿o él? Todo es para descubrirlo, y mientras, las emociones surgen y tú te sientes ahora fuerte, ahora pequeña, ahora débil y miedosa, luego parece que lo has conseguido, pero enseguida él se aleja y te deja sola, otra vez. Y tu mente, que ahora está limpia y despejada, concentrada sólo en conseguir acabar bien el ejercicio, experimenta una nueva sensación de “dejavú”, el caballo acaba de ser sólo un caballo y se transforma en tus padres, tu hermano, tus ex-novios, tu mejor amiga, y lo que él hace se parece a lo que todo el mundo siempre ha hecho contigo. No sé todavía si es sugestión o que lo que buscamos intentamos crearlo y verlo en la realidad, pero seguro es que en estos momentos te ves mejor, tienes una perspectiva visual y emotiva sobre tu propia vida que es muy difícil de alcanzar en otras situaciones.

Parece, en algunos momentos que el caballo se comporte como tú. Es impresionante, pero él te lee dentro, es tan sensible que puede reproducir tus sentimientos de una forma que tú sólo tienes que descifrar. Susana te guía en todo el juego, te aconseja y te habla, pero nunca te contesta, la respuesta tienes que encontrarla tú mismo, mirándote dentro a través del caballo. Es un juego muy eficaz, no obstante años de psicoterapia, aquellas fueron las primeras veces en que me he hablado sin los dientes serrados, me he dicho cosas que nunca me había atrevido a decirme, y eso porque hablaba a un caballo, mientras él actuaba el papel de mi vida.

Lo aconsejo a todos, los que tienen problemas y los que creen que no los tienen. Es un ejercicio eficaz y divertido donde se pone al descubierto la debilidad, el miedo, la inseguridad, la depresión, la falta de autoestima y cualquier otro problema o simplemente punto débil de nuestro carácter y personalidad.

MC