Eres el dueño de tu realidad y por tanto de tu destino. ¿Te atreves a cambiarlos?

Hace poco me preguntaban qué es la psicología cuántica, y es verdad que últimamente se habla mucho de ella, pero no mucha gente sabe qué significa.

Bien, todo empieza por la física. Todavía vivimos en arreglo a la ley de Newton donde existe una realidad física, externa a nosotros, que determina nuestra propia realidad. Esta realidad es igual para todos. Y la verdad es que es difícil no estar de acuerdo con esto. Si frente a nuestro bloque hay una gasolinera, todos los vecinos la verán al asomarse a la ventana que dé a esa calle. Y si alguien no es capaz de verla enseguida inferiremos que es invidente o que sufre de algo que le impide ver la realidad.

Dentro de la física cuántica por el contrario, hay distintas teorías y todavía mucho que estudiar e investigar. Pero la tónica general y en lo que todas están de acuerdo es en que la realidad depende del observador y de su propio conocimiento y experiencias, lo que quiere decir que hay tantas realidades como seres vivos en el mundo. Y si lo pensamos bien, también es bastante fácil de comprender. Ante un hecho de la realidad física como “ser despedido del trabajo”, podemos ver multitud de reacciones y respuestas. De hecho, tú mismo según tu situación actual y experiencias del pasado, al leer la frase podrías pensar que es una situación terrible y que a partir de un momento así no podrías mantener a tu familia. Otros podrían pensar que esa situación en realidad, les generaría un cierto alivio. Llevan tiempo quemados y no disfrutan del trabajo que hacen, pero siguen en él porque no está bien renunciar a un trabajo en los tiempos que corren. Y otros incluso saldrían corriendo y saltando de alegría porque ese mismo día eran ellos los que iban a dejar el trabajo y mira por dónde ahora encima se llevan un finiquito y van a poder invertirlo en crear el negocio de sus sueños. Y seguro que se te ocurren muchos ejemplos más…

Entonces si nuestra realidad la creamos nosotros … igual podemos cambiarla.

A partir de esta premisa, la biología y la psicología empiezan a interesarse en el tema. Y después de años de investigaciones y experimentos, averiguan que el cerebro no distingue entre lo que ocurre en nuestra realidad física y lo que imagina, para él es exactamente lo mismo comerse un pastel de chocolate que imaginar que lo come. El cerebro va a dar las órdenes necesarias a nuestro cuerpo y órganos para hacer la digestión del pastel. Si esto es así, resulta fácil llegar a la conclusión de que efectivamente podemos cambiar nuestra realidad. Así que realizaron diferentes experimentos para comprobarlo.

Uno de ellos, y el experimento que quiero proponerte con este post, fue el que llevaron a cabo unos investigadores quienes separaron a un número de personas en tres grupos diferentes:

Grupo 1: Hacen ejercicio para fortalecer la musculatura del dedo índice durante una hora, tres días a la semana, durante 3 meses.

Grupo 2: Hacen el mismo ejercicio que el grupo 1, pero en este caso el ejercicio es mental, es decir, imaginan que lo hacen y visualizan cómo lo hacen pero no hay ejercicio físico como tal.

Grupo 3: Grupo control, no hacen nada.

Pasados los tres meses, vuelven a medir la fuerza del dedo índice para comprobar si ha cambiado algo, obteniendo los siguientes resultados:

Grupo 1: Aumento de la fuerza del dedo en un 30%

Grupo 2: Aumento de la fuerza del dedo en un 22%

Grupo 3: No presenta cambios.

Lo sé, parece ciencia ficción pero la verdad es que este hecho nos abre un sinfín de puertas y posibilidades para cambiar y mejorar nuestra calidad de vida. ¡Y no sólo a nivel físico! Aunque por hoy me voy a centrar en él y aquí viene mi propuesta:

No te voy a mentir, no me gusta nada hacer ejercicio, me encanta dar paseos y andar pero ya está. No quiero oír hablar de abdominales o nada parecido. Sin embargo, hace un par de años, tuve una caída bastante aparatosa montando a caballo. Y de recuerdo me quedó un músculo atrofiado por la caída. Acudí rápido a mi entrenadora personal, Manuela Callea, quien me puso una tabla de ejercicios para que lo recuperase. Lo hice durante varios meses, muy a mi pesar, y la verdad es que mejoró. Pero llegó el verano y el calor, y dejé de hacer la tabla. Así que este año he decidido volver a mi tabla de ejercicios, pero esta vez la estoy haciendo de forma mental.

Así, pongo el despertador media hora antes de lo normal y acurrucada en mi cama, imagino que comienzo a hacer uno a uno los ejercicios para recuperar el músculo. Lo confieso, hacerlos mentalmente es igual de aburrido, de hecho, los primeros días ¡me quedaba dormida de nuevo!, pero tiene la ventaja de que no sufres de agujetas. Eso sí, enseguida noté que mi cuerpo transpira y suda como si lo estuviese haciendo y también he notado que los músculos que utilizo en mi imaginación también se ponen tensos al visualizar que hago el ejercicio. En unos meses os diré si he recuperado el músculo o no.

¿Qué te parece? ¿Te animas y te unes al reto?

¿Te atreves a cambiar tu realidad?
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