Este año 2019 decidí enfocarme principalmente en mi salud. No es que tuviera nada serio, pero siempre hay algo que altera tu día a día y en mi caso era el estómago. Así que decidí tomar cartas en el asunto cambiando mi dieta.

Soy vegetariana, pero era consciente de que estaba dependiendo mucho de la proteína del queso y mi intención era hacerme vegana.

Tortita sin azúcar y sin gluten con fruta fresca

Una visita a Lizzie Cooke, mi dietista funcional, fue todo lo necesario. De un plumazo me quitó productos lácteos, gluten, comida procesada y azúcar. Si a eso le sumamos que no como, ni carne ni pescado, ¿qué me quedaba?

Un mundo por descubrir.

Entre las recetas que me pasó Lizzie y Google, he descubierto un mundo que me ha cambiado la vida.

Como seis veces al día y no he sufrido indigestión en todo el año, tengo más energía que nunca, mis análisis revelan buena salud y además, ¡he perdido peso!

Sin embargo, no ha sido un año fácil. Con la liberación de toxinas debida a la falta de azúcar o gluten, también han aflorado emociones que estos productos mantenían a raya. Por lo que me he pasado el año en una montaña rusa emocional.

El lado bueno de esto, es que he podido hacerme consciente y soltar emociones que a veces no sabía ni por dónde venían.

La última revelación, me vino durante una meditación con influencia chamánica, con la intención de conectar con mi ser interior, mi alma, para crear desde Free Dreams, nuevos espacios y aventuras.

Durante este viaje meditativo descubrí que, cada vez que cada vez que se me ocurre hacer algo bueno para mi bienestar, se lo recomiendo a alguien cercano y automática e inconscientemente, evito hacerlo yo.

Un ejemplo de esto es el Shunyata, un masaje del Alma que realiza mi amiga y colega Nikki Wilkinson. Mi proceso de pensamiento pasó de reservar hora para mí, a reservar hora para mi marido, “porque a él sí que le va a venir bien”.

Buena forma de huir de uno mismo, ¿eh?

Al hacerme consciente de esto, me vino a la mente Lola, una yegua que falleció el año pasado, que siempre dejaba saber a mis clientes cuando no estaban cuidando de sus propias necesidades. Me uní mentalmente a ella e inmediatamente me sentí paralizada.

Ahora, en forma de caballo, me forcé a caminar. Pensé que necesitaba movimiento así que al paso le siguió el trote y después el galope.

Y de repente, sin saber ni cómo ni por qué, la yegua empezó a galopar a toda velocidad y acabó precipitándose (virtualmente, no nos olvidemos que todo esto viene de mi imaginación) por un barranco.

Todos tenemos alguna ala rota. La transformación repara.

Para mí, la muerte representa transformación y tengo una muy buena relación con los cambios en mi vida, aunque a veces inconscientemente me resista a ellos. Además, me encanta guiar a mis clientes a través de sus transiciones.

 

Sin embargo, en esta ocasión entendí que prefería morir a descubrir lo que esconde mi alma. No pude contener las lágrimas.

Es por eso, que he decidido aprovechar las vacaciones de Navidad para comenzar mi propio proceso. Un proceso de la mano de Hillary Schneider hacia lo más profundo de mi alma, con la intención de encontrar mi posicionamiento y la claridad necesaria para crear, esos nuevos espacios y aventuras para el próximo año.

Así que os deseo a todos unas muy Felices Fiestas y un próspero 2020.

 

¡Nos vemos de nuevo en Enero!

Susana

Un Año Más Soltando, Un Año Más Creciendo
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